Todos vamos a morir, tarde o temprano.

Vamos a dejar a nuestro cuerpo en este plano y seguir exactamente donde nos corresponde.

Pocos sabemos cómo morir conscientemente o cómo acompañar a seres queridos en su proceso de muerte. Habitualmente tenemos mucho miedo a la muerte o a las circunstancias de morir y agarramos fuertemente a nuestra vida, relaciones, papeles y pertenencias, infiriendo sufriendo en nosotros y alrededor.

En los hospitales por occidente, que son las “pistas de aterrizaje y despegue” de las almas en este planeta, se suele sedar a los pacientes moribundos, ocultar y quitar a sus cuerpos rápidamente al poco de morir, porque el mismo equipo sanitario suele tener miedo ante la muerte, no la entiende ni sabe cómo enfrentar las emociones de duelo de los familiares.

¿Por qué nadie nos enseña cómo tratar este tema y prepararnos adecuadamente? ¿Cómo se puede abordar este tema sin creencias ni etiquetas religiosas y desde la propia experiencia?

He estudiado el proceso de la muerte en varias tradiciones y practicado el acompañamiento a enfermos terminales como voluntario en el Hospital Clínico de Málaga durante dos años y en en ambientes más privados, desde la meditación.

La muerte puede ser un proceso maravilloso de sanar nuestra vida y alcanzar el máximo nivel de felicidad, paz y dicha en la experiencia humana.

Creo que además es un tema muy adecuado antes de la navidad del 2018, que suma 11 y significa «puente» o «portal».

En el hinduismo la muerte se denomina “maha samadhi” es “el gran éxtasis” o la “gran unión con la divinidad”. En el Budhismo se considera como el objetivo del óctuple sendero, el cese del sufrimiento o del “Nirvana”. En el Sufismo se celebra como la “boda celestial” con Dios (recomiendo la película “Bab Aziz el Sabio Sufi” en este contexto), en el cristianismo un momento de culminación de la vida, “muero porque no muero. . vivo en el Señor”, dice Santa Teresa de Ávila. Y en la Cábala hebrea, la muerte es una oportunidad de desprender de las “Kelipot” o cáscaras y encontrarse con la Esencia o el Infinito.

Para mí, la muerte es un portal grande a experiencia de Unidad, junto a otros 3 portales importantes que son: la presencia (a través de la mente), el camino de enamoramiento en Dios o en la vida (a través del corazón) y la sexualidad Sagrada (a través del cuerpo).

Sin embargo, no necesitamos morir físicamente para atravesar este portal y podemos practicar la Muerte Consciente como forma de celebrar la vida.

Es más, aprender a morir es aprender a vivir de verdad.

El papel del/la acompañante/guía es poder resonar con la experiencia directa del Ser y así posibilitar el “anclaje en la luz” a las personas necesitadas. Pero para eso necesita conocer la meditación a fondo, vibrar con ella y transmitirla por resonancia o “inducirla” a su alrededor.

Las almas que transitan entre Este Lado y el Otro Lado pasan fugazmente por lo que se suele llamar el “Túnel de luz” y pueden perder la oportunidad de anclarse allí y trascender, si no reconocen la vivencia, si están en un momento de debilidad o porque no han podido anclarse en ella durante su vida.

Entonces, el acompañante puede tomar la mano de la persona (si lo desea), guiarle con sus palabras (silenciosamente, si la persona necesitada no puede escucharle o el ambiente no lo permite) para que abrace su vida con amor, compasión, aceptación,  descansando interiormente y entrando en la  Fuente de luz, o la raíz de nuestra identidad, la Fuente de lo manifestado, el “punto Cero”, el Vacío Luminoso, la Divinidad (no importa cómo llamamos a “Eso”).

Es el entrenamiento espiritual más elevado que podemos tener para cultivar la manera de vivir desde el desapego y, a la vez, celebrar cada instante en la vida como algo sagrado e irrepetible, como la misma divinidad en una forma humana.

Acompañando a pacientes terminales y al equipo médico como voluntario en la oncología del hospital clínico de Málaga durante dos años fue para mí un gran aprendizaje sobre las diferentes formas de morir, sus fases diferentes y la comunicación transpersonal.

En la muerte, como en el nacimiento, se juntan todas las partes del puzle kármico del alma y de los acompañantes involucradas, en donde se puede transmutar el sufrimiento acumulado en perdón, compasión, paz, amor y plenitud.

Y más concretamente, el proceso de acompañamiento cercano a Melania Arrebola, alumna de TDA del curso 2016-2017, me hizo experimentar que no sólo es posible el anclaje en la luz, sino también la liberación de mucho sufrimiento, la dicha y la paz.

Entre muchas otras cosas, Melania me hizo incorporar la muerte en mi enseñanza de la Formación TDA, contemplar con otros compañeros un proyecto de ayuda a pacientes, familiares y equipo entre hospitales y centros de salud en la zona de Málaga. Ella nos hizo a todos quedar con boca abierta frente a su capacidad de trascender, ayudar a los demás e integrar la muerte de forma extraordinaria.

Además, a lo largo de los últimos 6 años en los cursos de TDA, numerosas personas han experimentado espontáneamente el cese momentáneo de su respiración y han entrado en el umbral entre Este Lado y El Otro Lado, experimentando una gran felicidad, un gran Despertar.

De mis cartas por email a Melania Arrebola, que falleció es año y le acompañé muy de cerca:

«Quizá lo más importante ahora es tener claridad sobre la trascendencia: Tu no eres ese «yo» que tiene un programa existencial o que se puede criticar, juzgar o incluso avalorar por cualquier cosa, eres Eso que es presente ahora mismo, al leer estas palabras, siente Eso actuando a través de ti, descansa en ello y libérate de cualquier idea que «hay que» conseguir cualquier cosa, salvo eso mismo que estás experimentando – la existencia en lo que ya eres y siempre serás, lo que nunca puedes perder o ganar y lo que has aprendido a amar tanto y apreciar.

Con el Despertar descubrimos que sufrimos precisamente porque hemos creado un «yo» con nuestro pensamiento y nos identificamos con él, en tantas vidas. Se nos revela que no somos ese «yo», ni jamás lo hemos sido. Sino que somos algo eterno, ilimitado y siempre presente, que se experimenta a través de nosotros.  El «yo» pequeño es sólo un vehículo para Eso que es real, que tú puedes vivir ahora con consciencia, en cada respiración, aunque haya dolor, en cada mirada, en cada toque, beso y abrazo.

Y ese logro de la trascendencia, para mí, es lo más importante que un ser humano puede alcanzar, es más importante que vivir o morir inconscientemente, tener éxito en la vida, realizar “tu” programa existencial, porque requiere una entrega no a una muerte física, que nos pasará a todos, sino a experiencia directa de Eso que somos de verdad, a la comprensión de que nuestro «yo» pequeño era una ilusión, una etiqueta que hemos colgado sobre este cuerpo pasajero.

Entre inhalación y exhalación, entre este lado y el otro lado, entre el pasado y el futuro, existe este momento eterno, para invitar al universo en tu interior, ama lo que es Eso y descansa en tu interior, siente la luz, el amor y la paz fluyendo por ti, abraza todos los pensamientos y las historias personales como olas, y siente la inmensidad del océano, en el cual te confías y con el cual te fusionas. Aunque te quedas suspendida en una respiración por la dificultad, cierra los ojos y mira la luz por dentro, siéntela, es la luz de la Fuente de todo lo manifestado, ánclate en ella.

En fin, sé que lo conoces y céntrate en lo que experimentas, suelta cualquier preocupación, deja todo en estas manos invisibles e inteligentes del Ser y confía. . .   pase lo que pase, sigue anclándose en Eso, gozando de plenitud, compasión, paz y amor.»

 

Anclaje en la luz: morir y renacer