Cuando algo me pasa en la vida, lo primero que me pregunto es POR QUÉ LO HE INVITADO EN MI REALIDAD y luego qué es lo que aprendo con él. Desde mi perspectiva, eso es el deber de todo ser humano que presume ser autoconsciente y evita delegar la responsabilidad sobre su vida a otras personas. Como Sócrates, creo más en LAS PREGUNTAS y menos en dar respuestas que supuestamente sirven para todos, o sea, de antemano supongo que las respuestas para cada ser humano y hasta para cada pueblo, SERÁN DIFERENTES, tal como es su derecho a adoptar medidas y formas de vivir diferentes.

Según mi experiencia, la medicina y la propia ciencia, EXPLICAN EL “CÓMO”, NO EL “POR QUÉ” de las cosas, QUE PERTENECE A LA CONCIENCIA. Y sí sabemos el por qué y estamos DISPUESTOS A HACER EL APRENDIZAJE directamente en nosotros, SE NOS AHORA MUCHO DEL SUFRIMIENTO causado por nuestra ignorancia. Tratando las causas es la vía directa del crecimiento, mientras que tratando los síntomas es respetable y valioso, necesario y complementario, pero no llega al fondo de la cuestión ni ahora las siguientes apariciones. En cientos de casos, en grupos y en particular, he evidenciado la curación de enfermedades graves y leves, de patrones de sufrimiento en seres humanos, que han abogado por TOMAR CONCIENCIA, CAMBIAR ACTITUDES, FORMAS DE PENSAR, SENTIR Y ACTUAR, tener las riendas de su vida con valentía y coraje en sus manos.

El caso de Coronavirus es “multifacético”, diferentes pueblos, culturas, historias y más que todo, YA HA IMPACTADO directamente en todos los aspectos de la vida de pueblos enteros: la economía, la educación, los sistemas sanitarios, la medicina, poderes del gobierno, etcétera. Tal vez se puede decir que está impactando a la conciencia integral de la humanidad, como ningún otro evento en los últimos tiempos. Por eso, me voy a limitar de hablar sólo de unos aspectos específicos y generales, en su significado para la vida humana y en este punto de nuestra evolución.

Para empezar, me pregunto: ¿por qué se llama “corona” desde el propio lenguaje simbólico, donde está el rey o a la reina, que se le quitan o se le pongan “coronas”? ¿Acaso tiene que ver con que, a mucha gente, en nombre del dichoso “virus”, se le ha robado el “reino de su vida”, el control de sus actividades, de sus formas de sentir, y pensar y actuar, también de salir en grupos, de divertirse y de viajar? ¿Tal vez necesitamos este momento de aislamiento en la casa (sin o con la escucha permanente a las noticias) las reglas nuevas de comportamiento público, y para qué?

Y continúo, ¿qué podemos descubrir si miramos por dentro, a ese miedo existencial de perder la vida por un factor “invisible”, “invasivo”, que aparentemente ataca sólo a los mayores de edad con peligro de muerte? ¿Tal vez existe una posibilidad de meditar y encontrarse bien consigo mismo, en paz y bienestar, a pesar de las condiciones externas? ¿Quizás deberíamos cambiar la forma de mirar la enfermedad, que no viene de «fuera» sino de «dentro», o sea, aprender que los patógenos siempre están presentes y que es el desequilibrio interior que causa la enfermedad? Y, aunque sea sólo un de 2-5% de mortalidad, ¿por qué, con una diferencia de cualquier virus de gripe, de matones como el cáncer, los accidentes, el hambre, el infarto, la contaminación, algunos gobiernos no sólo han reprimido todas las libertades de manera extensiva, con “estado de emergencia”, pero también han colocado a la “nueva corona” de poder en manos de unos pocos, que son sus nuevos “especialistas”, consejeros, médicos, jefes de equipos, ministros, etc.? Todo eso me atrevo a preguntar y más…

¿Sería que el virus nos ofrece una oportunidad para estar con nuestros seres humanos más queridos, dedicar un tiempo de calidad y estar presentes en la propia vida? Y en cuanto a nuestros hijos, ¿quizá este sistema de educación de encajar a los jóvenes en “fábricas de notas y títulos” para ser felices y prósperos es obsoleto? A lo mejor, ¿ habrá otra manera de aprender que sea desde su libre elección, a veces desde la distancia, con su interés entrega y entusiasmo? ¿Sería que en cada uno de los pueblos afectados, el virus «levanta» el miedo existencial que estaba enterrado en el subconsciente colectivo, según su historia y cultura de manera porpocional?

¿Dónde empieza y dónde acaba a nuestra libertad personal y colectiva, para celebrar la vida como queremos, para reunirse, para celebrar la vida? Y, ¿qué hacemos si, por ejemplo, algún gobierno u otro, se pone «loco», y mata más gente con sus reglas y fuerzas armadas, con la rotura económica y moral, emocional, que con el dichoso virus? ¿Hemos aprendido algo desde la Segunda Guerra Mundial sobre la hipnosis de las masas, sobre la libertad de protestar y elegir nuestro camino, o necesitamos otra lección sobre el derecho de dignidad, de libertad, de expresar opiniones públicas?

Observando los casos de países democráticos como España, Italia e Israel, aunque sean completamente diferentes (en la expansión de la enfermedad, los casos mortales, la dimensión del país, su la población y sus medidas), ¿será posible que las medidas causarán más daño con el colapso de todos los sistemas, que el propio coronavirus?

La corona, el séptimo chacra en el hinduismo, meridianos “Baihui” y “Shisencong” en la medicina china, la séptima morada de Sta. Teresa de Ávila o el “keter” en la Cábala, representa a nuestro contacto con lo divino, con Dios, con el Infinito o con la capacidad de crear nuestra realidad en las diferentes tradiciones y manifestar desde el Ser.

¿Será que el mismo virus, que no distingue entre un iraní y un israelí, entre un ruso, un chino o un americano, nos puede enseñar algo sobre la naturaleza humana, sobre la necesidad de establecer orden en las prioridades, en cuanto a temas como producción de armas (nucleares, químicos y biológicos), tal vez dejar las guerras económicas, compartir recursos, cuidar de la higiene no sólo de nosotros sino del planeta, colaborar en la investigación científica para el bienestar común?

Y finalmente, podría ser que este miedo existencial viene para desviarnos del materialismo agudo que sufre la humanidad, desde hace décadas, desde la contaminación, la marginación, la xenofobia para que lleguemos preguntarnos: ¿Quién somos, de dónde venimos, a dónde vamos como una especie, que ha prosperado sin interrupciones hasta ahora? ¿Es que la humanidad ha convocado este virus para incentivar su Despertar a otra fase evolutiva, en donde se nos ofrece LA CORONA DE SER HUMANOS CONSCIENTES, CONECTADOS Y UNIDOS, LIBRES Y FELICES?

Aquí os dejo con las preguntas, para que cada uno crea su propia contemplación, no desde la supervivencia o el miedo existencial, sino DESDE EL ABRAZO EN LA LUZ, desde nuestra capacidad inherente de meditar, pensar y sentir, conectar con la sabiduría interna, con la fuerza y la belleza, sobretodo con la CURACIÕN DEL AMOR, que permite el REMEDIO DE NUESTRO SISTEMA INMUNOLÓGICO EN LA CONCIENCIA, para que podamos co-crear juntos el futuro de estas generaciones de nuestra querida humanidad.

EL VIRUS DEL MIEDO Y SU REMEDIO EN LA AUTOCONCIENCIA