12112123_693504624123322_5083990961583438912_nMi enseñanza esencial es: vivir desde la presencia plena en el corazón, con libertad, paz y amor, interconectados con la vida y toda la creación, es el único y verdadero sentido del Despertar de la conciencia humana o lo que se suele llamar “iluminación”.

Es una enseñanza es no-dual y holográfica. Ahora bien, ¿qué significa eso? Desde mi experiencia, nuestra realidad cotidiana está en la superficie de una realidad más profunda que todos podemos experimentar en nuestro interior.

Para explicar eso utilizo una imagen de una esfera, en la que todo lo manifestado emerge desde un solo punto, en el centro de la esfera, como una proyección simultánea e interconectada del cine. Esta Fuente de la Vida, que también se puede llamar el “Ser”, “Hogar”, “Dios”, “Vacío Luminoso”, “Espacio Cuántico”, “Punto Cero”, crea el propio tejido de tiempo-espacio y podemos experimentarla de una forma consciente y directa en nosotros mismos.

La experiencia de la Fuente de la vida o del Punto Cero del holograma de la creación, es directa y asequible para todo ser humano y es una bendición para nuestra vida como humanos. Cada ser humano produce su realidad relativa mediante su pensamiento, emoción y acción, pero cuando es capaz de cesar toda su proyección conscientemente y descansar allí, en la raíz de su identidad, descubre que siempre está anclado en esa realidad absoluta de dicha, paz, luz y amor. Se puede aprenderla mediante la resonancia con alguien que la transmite con su propia presencia y trabajarla gradualmente mediante la meditación y otras herramientas, que depuran los condicionamientos de muchos ciclos de vida, albergados en el subconsciente aquí y ahora.

Y entonces desvanece nuestra ilusión de separación y cesa el sufrimiento humano, que se causa por tomar este “juego divino” muy en serio y apegarse a él. Con diferencia a la enseñanza del “Neo Advaita” (No-Dual de la Nueva Era) y de interpretaciones de la No Dualidad clásica, para mí la película de nuestra vida individual sí tiene importancia y merece ser vivida con entrega e intensidad.

Predico celebrar la vida y experimentar la libertad y la felicidad en todos los aspectos de vida. Abogo por sanar las heridas del alma y practicar la meditación porque considero que es parte del camino y esa Fuente de la vida es inteligente, quiere experimentarse a través de nosotros de una manera completamente amorosa y consciente.

Básicamente, la práctica de la meditación implica recoger la atención desde la mente y absorberla en el corazón, por donde se activa la intención de trascender y descansar incondicionalmente. El papel de las otras herramientas es transformar, y armonizar la separación que hemos vivido a lo largo del camino del alma.

Descubrí que habitualmente no es suficiente la práctica de meditación para anclarse en la vivencia consciente del Ser, por lo que agrupó un conjunto de herramientas, llamadas “Terapias Del Alma” (TDA), que facilitan sanar las heridas del alma y nuestro origen en la Fuente.

Mi enseñanza se resume ampliamente en dos libros: El camino al Ser: claves para el Despertar de conciencia humana, sobre teoría y práctica del proceso de autorrealización y, Las caras del Ser: tu viaje espiritual a la trascendencia, que narra las experiencias reales del Despertar en mucha gente. En mi primer libro explico que la autorrealización no es un estado determinado de conciencia, sino el reconocimiento del alma – o de nuestra conciencia individual – de cómo se proyecta a través del tiempo y del espacio – y su descanso natural en el amor, la quietud y la plenitud del Ser. En el segundo libro cuento historias reales de cómo podemos todos reconocernos como caras de la divinidad.

La Búsqueda

La búsqueda de la felicidad y del significado de la vida es inherente a la vida humana. Tiene muchas formas hasta que llega a ser un camino consciente de autorrealización desde la madurez del alma. Esencialmente la búsqueda nace del anhelo del corazón para alcanzar paz interior, quietud y plenitud.

No comparto la idea de que hay realmente pocos buscadores sinceros. Más bien me parece que somos muchas almas viejas en este planeta y que a veces necesitamos reconocer cómo hemos encubierto a esa búsqueda a través de las relaciones, la profesión, la salud o la abundancia material. Entonces es importante ser valientes, mirar hacia dentro por lo que subyace todo el sufrimiento y descubrir la raíz de nuestra verdadera identidad.

Cuando emprendemos este viaje descubrimos que estas preguntas ya han sido contestadas y que hay herramientas, guías y caminos para recorrer. Para mí es muy importante destacar de antemano, que aunque haya otros individuos que anduvieron por el sendero a la autorrealización – alcanzando su certeza interior – ellos pueden ser nuestros guías y maestros sólo hasta que encontramos la maestría en el corazón, porque cada ser humano es diferente, único y singular.

Una vez que encontramos una clara afinidad con algún camino o guía, necesitaremos sinceridad, entrega y confianza para seguir evolucionando con las herramientas que se nos ofrece y con las propias que hemos tomado en nuestro viaje del alma. Sobre todo se trata de “resonar” suficientemente con alguien que vive esta realidad profunda en su interior porque así es como crecemos de verdad.

Y, sin embargo, es muy importante no confundir el camino o las herramientas con la personalidad o el estilo de vida de su instructor. Por ello, estas páginas te invitan a explorar por ti mismo, utilizar las herramientas y ver a dónde te llevan.

Es necesario hacer accesible la autorrealización a todos los buscadores, a estas “almas viejas” que andan en la faz del planeta y desmitificar completamente la noción de la “iluminación” como objeto de la búsqueda espiritual.

Empezar a sentir esa divinidad en uno mismo solo requiere “apagar” nuestra realidad virtual y tomar conciencia de lo que ya somos, no alcanzar cualquier cosa que tarde o temprano también se puede perder. Somos ya expresiones perfectas del Ser en este holograma de la creación y lo que precisamos para descubrirlo es desarrollar la escucha a esa Inteligencia Universal, que brota desde el núcleo de nuestra identidad en el corazón.

El Paradigma

El paradigma actual consiste en condicionamientos, creencias y axiomas históricos, científicos, económicos, culturales y religiosos, que atrapan la humanidad en una matriz en todos los aspectos de la vida humana. Básicamente este paradigma está basado en dos palabras: materialismo y supervivencia.

En el momento en que vemos a nuestra identidad como una “materia biológica”, entramos en una lucha por la supervivencia, que implica tratar de alcanzar la felicidad mediante el “tener”, no mediante el “ser”.

Pero este paradigma no está limitado a nuestra identidad. Poner un ejemplo, pensamos: que hasta ahora hemos sido la única raza inteligente en el universo; que la tecnología resolverá la enfermedad, la contaminación del medio ambiente; que es una condición normal de vida mantener una gran parte de la población humana en la pobreza, el hambre, la violencia y por otro lado, que haya gente tan rica, que posee ejércitos privados, bancos y empresas multinacionales; que después de la muerte nuestra conciencia se “apaga” como una bombilla de luz y todos nuestros aprendizajes del alma no tienen ninguna continuación; que la felicidad se alcanza por ser famosos, ricos o tener cuerpecitos delgados y musculosos o mucho sexo apasionado; que la vida nos exige trabajar en empleos que no disfrutamos y que en realidad no podemos hacer lo que realmente queremos en la vida; que necesitamos enseñar a nuestros hijos inglés y matemáticas porque esto lo “necesario”, el conocimiento que les va a dar oportunidad en la vida y felicidad; que Dios está por ahí fuera, en los templos, las iglesias, las mezquitas y las sinagogas, y que nos prueba constantemente o nos castiga cuando “pecamos”.

Observa a tu alrededor cómo esta mentalidad colectiva determina la conducta de la mayoría de la gente en muchos aspectos de nuestra vida. La respuesta a todos estos problemas es una toma de conciencia, basada en la experiencia real, en lo que somos de verdad y sobre lo que es el aprendizaje humano en la vida.

Desde este cambio de paradigma nuestro cuerpo es un vehículo del alma, que a su vez es una proyección del Ser. Nunca morimos, ni hemos muerto en el pasado, eso es fruto de la ignorancia humana. Nuestro cuerpo es un hardware y nuestra alma es un software, y cuando el hardware se caducó, el software se trasladó al Otro Lado, pasó por una actualización en la nube, y luego se instaló en un ordenador más moderno, que es nuestra vida actual. Pero realidad lo que somos finalmente, es un “enchufe en la luz” sin el cual ninguna realidad virtual tiene sustento. Somos una manifestación singular de la Fuente de la Vida, estamos interconectados y sincronizados con toda la creación, al igual que en internet, y lo único que importa es cumplir el Programa Existencial con el cual hemos venido para poder trascender, y disfrutar de nuestra propia proyección con una felicidad y un amor inherentes a la vida.

Pero para comprender este nuevo paradigma necesitamos investigar por dentro, en el corazón, abrir nuestro subconsciente y explorar la programación que llevamos de vidas pasadas. La humanidad se ha desarrollado hacia el exterior, alcanzado un mayor nivel de comprensión del universo – fundamentalmente a través de la mente y de la investigación científica- en diferentes campos del conocimiento.

Sin embargo, emocionalmente seguimos siendo como niños inmaduros, poco conscientes de nosotros mismos, de lo que somos y de las consecuencias de nuestras acciones. Este movimiento hacia el exterior, hacia la comprensión de las cosas por la mente no está equilibrado con un movimiento proporcional hacia dentro, hacia el corazón, que es la cuna de nuestra verdadera identidad y la experiencia del Ser.

El conocimiento y el uso de la ciencia y la tecnología no nos han traído mayores niveles de bienestar, paz interior y felicidad y por lo tanto os ofrezco considerar un cambio de paradigma, basado en la autoconciencia. Nuestra civilización está en un punto crítico, donde abunda la polaridad y es casi imposible equilibrar la dispersión mental y estilo de vida materialista con una madurez emocional proporcional.

Es por eso que nos encontramos peleando como niños por juguetes – por pedazos de tierra, recursos naturales y artificiales, ideas y creencias – en vez de concentrar nuestros esfuerzos hacia la creación de una especie humana despierta, unida y consciente de sus objetivos comunes y de valores universales que permiten una proyección armoniosa y consciente.

Un cambio de paradigma implica una visión totalmente diferente de lo que somos y lo que es nuestra realidad. El nuevo paradigma sólo puede estar basado en que exploremos a fondo nuestra identidad e investiguemos otros marcos de realidad relativa.

Para mí, nuestra realidad individual y común es completamente virtual y relativa, como una realidad de un ordenador portátil y una red de Internet. La Realidad Absoluta, que podemos experimentar directamente en nuestro interior es una realidad que corresponde al “enchufe en la luz” y subyace todo el holograma de la creación.

Algunas personas la llaman “Dios” o la divinidad y ha recibido otros tantos nombres por los Santos y los Sabios de las tradiciones espirituales, pero no se trata de alguien, de una entidad concreta, que es responsable por la creación.

Más bien es evidente, tanto por la ciencia como por la milenaria espiritualidad, que la creación brota desde algo completamente impersonal, no local y atemporal, que genera formas cada vez más complejas de autoconciencia.

Ese nombre “Dios” entonces, se refiere a una Fuente de Inteligencia Universal, que proporciona cualidades abstractas y niveles diferentes de auto organización, belleza, armonía y simetría, y que simplemente podemos experimentar directamente en nosotros como “amor”.

Portales de experiencia

Como seres humanos crecemos a través de experiencias que nutren nuestro cuerpo (sensaciones), la mente (pensamientos) y el corazón (emociones) – los tres componentes que constituyen lo que llamamos “persona”- o nuestra identidad más superficial.

Por lo tanto, cualquier expansión en nuestro sentido de identidad sucede a través de estos tres portales de experiencia y cuando lo integramos nos percibimos de una manera completamente diferente.

En el portal de la Muerte Consciente el cuerpo experimenta un paro en la respiración, por ejemplo en experiencias cercanas a la muerte o en la absorción meditativa del Raja Yoga y entonces tomamos consciencia que en realidad no somos el cuerpo, sino una conciencia pura eterna e ilimitada.

El portal del Ahora, la práctica de cultivar una mente transparente, plena y presente, en tradiciones como Zen, el Tao, los hasidut (devoción judía) o la contemplación cristiana, se alcanza una unión con la naturaleza y se absorbe en nuestra verdadera identidad.

El portal del Amor Divino se experimenta a través del corazón, en prácticas de oraciones y mantras, como en el sufismo, Bhakti Yoga, el Tantra, la cábala y permite alcanzar la experiencia de unidad y la felicidad del Ser.

Finalmente en todas estas tradiciones del Tao, sufismo, Cábala, cristianismo, budismo e hinduismo había grandes místicos, sabios, santos yoguis y santos que lograron trascender la identidad física y conocerse como manifestación divina de la Fuente de la vida. El camino que se explora aquí en estas páginas web no es de una tradición particular, pero sí se basa en la combinación de los tres portales, en una sola práctica integrada y poderosa de meditación y auto-curación.

Pero además incorpora la comprensión de la ciencia y la espiritualidad. Para mí, la persona es sólo una expresión superfial del alma, que a su vez es nuestro camino de ida y vuelta al Ser, al Punto Cero de la divinidad en uno mismo.

La realidad del alma es un viaje virtual en el espacio y el tiempo y consiste en alternar entre dos cuerpos – el cuerpo físico y el Cuerpo de Luz – en cada ciclo de vida, al igual que una partícula elemental se alterna entre “partícula” y “onda” en la Mecánica Cuántica. Cuando tomamos conciencia de que este “yo” creado en muchas etapas evolutivas, es una realidad relativa a la experiencia absoluta en la Fuente, pasamos de concebir nuestra identidad desde la separación como “rayos” del sol a entendernos como la pura luz del sol.

Trabajo Interior

Trabajo Interior significa hacer un seguimiento de nuestro progreso en el camino hacia la autorrealización. Implica indagar en la raíz del sufrimiento que vivimos en muchas ocasiones hasta desmantelar el mecanismo de identificación y apego a nuestra forma humana en la superficie desde la profundidad del Ser. Eso se puede hacer de muchas maneras, como escribir, contemplar en estado meditativo, conversar con compañeros del camino, etc. 

Nadie puede hacer nunca este trabajo por nosotros al igual que nadie puede comer, leer un libro o dormir por nosotros. Tener un poco de disciplina con la meditación es completamente crucial, pero no es suficiente.

Un trabajo integral con uno mismo significa cuidar del cuerpo (con ejercicio adecuado, tomar alimentación equilibrada y dormir moderadamente), observar cómo se nutre la mente con libros, noticias, películas u otra información y prestar atención al movimiento emocional en las relaciones, aprendiendo en cada una de ellas cómo transformar a nuestros condicionamientos que traemos a esta vida.

Pero desde mi punto de vista tal vez el factor más importante es cuidar la integridad del corazón, tanto en la vida ordinaria como en la práctica “espiritual” (todo es “espiritual”, la espiritualidad es autoconciencia), aprender a aceptar, sanar y fluir con las necesidades internas y crecer gradualmente a niveles más profundos de plenitud y paz interior.

Todos venimos a este mundo y lo dejamos sin llevar absolutamente nada con nosotros, excepto a nuestra experiencia. Cabe preguntar: ¿cuál sería la experiencia que deseas llevar contigo cuando salgas de este plano de la realidad física?

Pregúntate a ti mismo periódicamente, cuáles son las cosas más importantes que has venido a realizar en esta vida y haz un seguimiento sobre si estás lográndolos poco a poco.

Puedes escribir un diario o simplemente dedicar un poco de tiempo para estar contigo mismo y sentir lo que está pasando dentro de ti, en el seno de tu identidad y verás cómo ganas más conciencia, paz interior y amor.

 

La visión

Vivir desde la dulzura del corazón es un reto para todos los seres humanos y no sólo para unos pocos visionarios o iluminados

. El corazón es capaz de comprender y resolver las cuestiones que la mente ni siquiera comienza a preguntarse, porque su sabiduría viene de muchas etapas evolutivas en el propio viaje del alma. Cuando nos restringimos a los patrones que hemos heredado en nuestras familias y sociedades, caemos en manos de la fragmentación mental y nos separamos de la Fuente Divina, aquella dimensión que llevamos dentro y podemos experimentar directamente.

Si tuviera que resumir mi enseñanza en tres frases sería:

1. ¡Tú eres divinidad manifestada en la forma humana! Desde la Fuente en tu interior podrás sentir que todo está dentro, que los grandes profetas, yoguis y sabios de la humanidad viven en tu interior y que ya tienes la naturaleza de Buda. De esa enseñanza también se deduce que hacer daño a los demás es hacerse daño a uno mismo, como una mano que pega a un pie en un solo cuerpo, porque somos las caras de la misma esencia, la misma entidad.

2. Todo lo que proyectas hacia “fuera” vuelve hacia ti, de una forma u otra. Es la conocida ley del ”karma”, la de acción y reacción, la de la resonancia o de la “atracción”, sin la connotación del castigo que suponen las religiones o las interpretaciones de la Nueva Era. En realidad es más fácil de entender, que como personas vivimos en una Sala de Espejos del alma. Así crecemos, proyectando de una manera inconsciente, desde la separación, tomando conciencia gradualmente de nuestros condicionamientos y corrigiéndolos frente al espejo.

3. La proyección consciente y armoniosa emana desde lo sutil a lo grueso. Eso significa que para ser conscientes deberíamos primero “apagar” todo y sentir en nosotros esa intención primaria como una emoción en el corazón. Siguiendo la intención del corazón viene la atención, que generamos con el pensamiento adecuado en la mente, dándole forma a esa intención. Y por último, deberíamos acompañar la intención y la atención con una acción responsable y coherente. Cualquier desorden y desvío de esta regla: intención (corazón) → atención (mente) → acción (cuerpo), llevaría a un conflicto “interior” que, tarde o temprano, se nos manifestará por “fuera”, en nuestros espejos, y nos hará tomar conciencia de ello.

La felicidad, la salud y la abundancia se puede conseguir simplemente estando presentes en el corazón y preguntando: ¿cómo puedo amar y servir desde Eso que ya soy?

La espiritualidad no es otra cosa que autoconciencia de cómo nos proyectamos en cada instante mediante la emoción, el pensamiento y la acción. Si renunciamos al sufrimiento causado por la fragmentación de la conciencia individual tomamos un sendero que se hace al andar, sin tener objetivos, porque ya somos Aquello que buscamos fuera, estamos simplemente aprendiendo a reconocerlo.

Aunque hace falta recorrer un largo camino para transformar nuestros condicionamientos podemos alcanzar cada vez mayor grado de libertad y felicidad. Poco a poco, logramos confiar en la inteligencia del Ser que actúa a través de nosotros, cuya expresión más pura es el amor. El Despertar es absolutamente necesario en este momento crucial de la evolución humana.

La expansión de la conciencia humana es el único remedio ante la fragmentación de la identidad que sufrimos como civilización y comienza por uno mismo. Una vez que haya una masa crítica de personas despiertas entenderemos a la humanidad como un solo organismo, compuesto por muchos individuos e interconectado por dentro, que por fin se hace responsable de su proyección y convive con otras razas inteligentes en esta aventura que llamamos la “Creación”.

 

ensenanza