No podemos vivir sin miedo, sin aprender a morir primero.  Es más, es el miedo a la muerte lo que nos impide vivir la vida desde la libertad y alcanzar la autorrealización.

Este fue mi descubrimiento hace más de 20 años, cuando me enfrenté con la enfermedad de cáncer de mama de mi hermana en Israel. Ahora, no tengo otro remedio que incorporar mi historia personal a este artículo, porque esa enfermedad me motivó a dar un salto significativo en mi búsqueda interior y me empujó a investigar más allá de la muerte para llegar a mis conclusiones y compartirlas en dos libros, “El camino al Ser” y “Las caras del Ser”, que publiqué en España desde entonces. También me llevó a acompañar a enfermos de cáncer y al equipo sanitario durante dos años como voluntario de FMAEC en meditación para el Hospital Clínico de Málaga, y ayudar a muchas personas en su proceso de tránsito hasta hoy mismo.

Pero quiero volver al comienzo y describir brevemente lo ocurrido. Yo buscaba el sentido de la vida desde mi infancia, porque tenía un profundo dolor existencial que me atormentaba. Como niño, no entendí cómo es posible morir de repente y no sólo el cuerpo, sino todo lo que hemos vivido, todo lo que somos, desaparece completamente. Me pareció una vida cruel y sin sentido en la que yo no quería participar. Solía aliviar este dolor entrando en el agua del mar mediterráneo, en mi ciudad natal de Israel, para parar la respiración, flotar, y sentir cómo el tiempo ya no me amenazaba, sintiendo la ausencia de peso, de espacio y una paz profunda.

Mi principal manera de realizar esa búsqueda comenzó por la ciencia. Como adolescente bien dotado para la ciencia, a los 16 años ya participé en cursos de verano en un centro de física nuclear y en clases de cosmología en el Technion, una universidad prestigiosa de ciencias en Israel. Después de terminar la carrera de Ingeniería Electrónica en dicha universidad y servir 6 años en el ejército, entendí que la ciencia “oficial” no había respondido a mi búsqueda. Pasé a los campos de la filosofía e hice un Máster en Literatura Comparada, escribiendo una tesis sobre el papel del observador en teorías de literatura y mecánica cuántica.  De allí tomé una beca de doctorado en la universidad de Granada para investigar la mística hebrea, pero a los tres cuartos de mi tesis sobre el Libro del Esplendor, mi tutora falleció de repente de un derrame cerebral. Su sustituto, el jefe de estudios sefardíes del CSIC en España, falleció de cáncer tres meses después de tomar la tutoría, y allí estaba de nuevo con la cuestión mística de la muerte.

Como si no fuera suficiente, recibí la noticia de cáncer de mama de mi hermana y en agosto de 1998 volví a Israel para acompañarle en su proceso de cáncer. Le acompañé durante un mes intenso con los tratamientos de quimioterapia, que le administraron después de un parto provocado a los 7 meses de embarazo, ya que el tumor en su pecho era grande. Sin embargo, bajo estas circunstancias: un bebé recién nacido para cuidar, sin pelo en la cabeza y en las cejas ni pestañas, mi hermana tuvo una experiencia de iluminación. Allí en el hospital, cerca de su cama observé sorprendido cómo irradiaba paz y amor. Y eso me hizo analizar y pensar: ¿de dónde sacó ella esa fuerza y el espíritu positivo? ¿acaso la muerte no es el punto final? ¿hay una fuerza invisible que nos maneja en estas situaciones? ¿qué hay más allá de muerte? Pero yo no era, ni soy creyente, quería experimentar por mí mismo.

Y cuando volví a España, lo primero que me interesó fue saber qué hay más allá de la muerte y qué es la meditación, o sea, si la meditación podría llevarme a esa experiencia de iluminación que encontré en mi hermana como respuesta a la muerte. Reuní unos 20 amigos españoles y contraté una médium internacional inglesa, ofreciéndole impartir un taller de comunicación transpersonal donde yo sería el traductor simultáneo, inglés-español. Paralelamente me sumergí en las enseñanzas, libros y meditaciones guiadas de un maestro, que enseñó la meditación como camino de iluminación más allá de las tradiciones espirituales.

En los dos temas tuve grandes descubrimientos: por una parte, me quedé con la boca abierta cuando vi a la médium bajo estado de trance profundo. Dando información muy exacta y particular a muchos de los participantes del taller, información que sólo ellos y sus parientes en el “Otro Lado” sabían. Por otra parte, la enseñanza del maestro (que yo seguía de lejos porque sólo tenías sus libros y discos), me llevó a descubrir el umbral de la muerte como la experiencia cumbre en la meditación, o sea la puerta a la iluminación. Así que tenía una oportunidad maravillosa de investigar dos estados de conciencia no habituales en el ser humano, el trance profundo de la mediumnidad (o la “canalización”) y la absorción meditativa de la mano de dos maestros competentes.

Y como no vi ni cables ópticos ni posibilidad de fraude en el caso de la médium, puse manos a la obra. Dediqué meses a aprender y dominar el estado de trance con la médium, quien vivía por la zona de Marbella en aquel entonces. Paralelamente, me entrené durante horas cada día con la práctica de absorción en la meditación con las cintas de audio de aquel maestro, que era de origen polaco, pero que investigó directamente las tradiciones de oriente y moraba en la India.

A dominar el estado de trance, experimenté que efectivamente, las almas sólo dejan el cuerpo después de la muerte física. Y que se puede conectar con ellas y con guías del “Otro Lado”. Por otra parte, a través de la meditación, descubrí estados de plenitud y dicha que jamás hubiera imaginado y empecé a compartirlo con grupos en un centro de autorrealización que fundamos, mi pareja y yo en Marbella. Pero el verdadero desafío para mí, era encontrar un modelo que compaginase estas dos facultades que todo ser humano tiene, desde mi punto de vista actual.

Poco a poco, con el paso de los siguientes 10 años, encontré un modelo simple de realidad que me permitiera converger la ciencia que yo conocía, con estos dos estados de conciencia. Y cómo no, este modelo está ligado a mi profesión de origen como Ingeniero de electrónica. Se puede describirlo así en palabras simples:

•        Cada persona es como un ordenador, tiene cuerpo (hardware), alma (software) y tiene una realidad propia, relativa y virtual. Se pueden separar el cuerpo y el alma, proyectando el alma fuera del cuerpo, es como mandar el “software” al espacio virtual de la nube a través del trance.

•        A la vez, todos operamos como instrumentos de una sola «electricidad», aquella que nos permite crear nuestra realidad particular. Pero sólo podemos percibir esa «electricidad» cuando apagamos nuestro “aparato” personal, al mantener la conciencia alerta en la meditación.

•        Cuando morimos, el alma como “software” se traslada a la nube, donde se “actualiza” con “servidores de la red» hasta que se siente preparada y se instala en un cuerpo nuevo o “hardware”, llevando consigo mismo todas las memorias y las experiencias pasadas en el “disco duro” o en nuestro subconsciente.

© Avihay Abohav y Penguin Random House en “Las caras del Ser”

 

O sea, no hay muerte ni jamás la hubo, es una invención de la mente humana engañada por las apariencias. El alma (“software”) se reencarna (“reinstala”) en el siguiente cuerpo (“hardware”) las veces que haga falta, hasta que se descubre como instrumento del Ser (“electricidad”) y trasciende la necesidad de conservar la propia identidad.

Ahora bien, si este modelo o metáfora son aplicables, eso tendría implicaciones muy profundas en nuestra vida, no sólo en el proceso de la muerte o el tránsito, sino en la curación de enfermedades, en la educación, en la economía, la sexualidad, etc.  Pero lo primero es que, si de verdad no morimos y llevamos las memorias de una vida para otra, todos tendríamos que llevar muchas de esas memorias de vidas pasadas en nuestro subconsciente. Y efectivamente, encontré 5 disciplinas de investigación independientes que podrían confirmar la hipótesis de este modelo:

1.  La regresión bajo hipnosis clínica. Entre los pioneros mencionamos al Dr. Brian Weiss, psiquiatra estadounidense especializado en este tema, quien escribió best sellers sobre vidas pasadas. Y al Dr. Michael Newton, especializado en la hipnosis clínica en los periodos entre vidas, o sea cuando el alma está en el “Otro Lado”. Newton clasificó de manera sistemática las experiencias de miles de personas, e igualmente publicó libros de éxito sobre el tema. A ellos se pueden añadir muchos otros investigadores, pero quizá el más destacado es el Dr. Aurelio Mejía Mesa, quien tiene en YouTube más de 4000 sesiones de regresión clínica en español de mujeres, hombres, adolescentes, por todo el mundo. Cabe decir que yo mismo hice cientos de sesiones en 3 continentes, en sesiones privadas y en grupo, incluyendo a mi pareja e hijos, y recuerdo más de 15 vidas pasadas mías.

2.  Las experiencias cercanas a la muerte.  Si no morimos y el alma se traslada al “Otro Lado”, debería haber casos documentados de accidentes, cirugías y acontecimientos donde la gente narra sobre estas experiencias de salir del cuerpo involuntariamente. El más veterano de los investigadores sería quizá el Dr. Raimond Moody, médico, psicólogo y filósofo, quien publicó libros como «La vida después de la vida», junto con Dr. Pim van Lommel, un cardiólogo holandés con una amplia investigación reflejada en su libro «Consciencia más allá de la vida». Pero también cabe mencionar a los más recientes Dr. Jeffrey Long y Dr. Melvin Morse, ambos dirigen amplias investigaciones sobre el tema.

3.  La “Proyección Astral”. O sea, la capacidad de lanzar al alma fuera del cuerpo, no por accidente, trauma o cirugía, sino de manera consciente y voluntaria. Aquí también existen dos investigadores independientes, que establecieron institutos de investigación de este fenómeno. Robert Monroe en EEUU, cuyo instituto tiene fama mundial porque usó por primer vez laboratorios y científicos para investigar el fenómeno, como el Dr. Tom Campbell. Otro investigador, no menos exhaustivo y meticuloso, que escribió la primera enciclopedia de sistemas de proyección astral, es el brasileño Dr. Waldo Vieira, fundador del Instituto de Cienciología en Brasil. Aquí cabe mencionar, que obtuve y practiqué todo el curso didáctico de proyección astral del instituto Monroe hace más de 15 años y que conocí personalmente al Dr. Waldo Vieira. En ambos casos se trata de investigadores renombrados, serios y dedicados.

4.  La investigación de reencarnación en niños. El canadiense Prof. Ian Stevenson, hizo un trabajo de recolección de testimonios de más de 3500 niños sobre la faz del planeta. Su sucesor Dr. Jim Tucker continuó este trabajo, publicó más libros y difundió en las redes de información casos abrumadores. En mi experiencia personal, me gustaría aportar que hice una regresión a mi propio hijo cuando él tenía 6 años, para encontrar las razones de sus frecuentes y agudos ataques de bronquitis desde su nacimiento. En sus propias palabras de aquel entonces, “había gente mala que hablaba alemán y me echó espray, que es cuando obtuve alas y me caí en España”. De allí deduje que probablemente había fallecido en una cámara de gas en un campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial en su vida anterior. Mi hijo, que nació en España, dejó de sufrir los síntomas de bronquitis poco después de aquella regresión, salvo cuando visitamos Alemania. Pero al salir de este país recuperó la salud completamente y no tuvo indicios de bronquitis desde entonces.

5.   Testimonios e investigación del trance y estados alterados de conciencia. Esta disciplina es quizá la más antigua y a la vez la menos investigada académicamente, a pesar de los abundantes testimonios durante los miles de años de la historia humana. El testimonio más antiguo es quizá la detallada historia bíblica del Rey Saúl, que consultó al espíritu del profeta Samuel a través de la médium de En Dor frente a la guerra con los filisteos (Samuel, cap. 28). Sin embargo, poca gente toma conciencia de que Samuel le dice al rey Saúl “Mañana moriréis tú y tu hijo, porque Jehová ya no está contigo, y estaréis aquí conmigo.”, o sea que afirma la continuación de la vida en el “Otro Lado” después de la muerte con sus propias palabras. Los múltiples testimonios sobre canalizar en estado de trance –  libros, dibujos y música – son vastos. En tiempos modernos podríamos mencionar a Edgar Cayce, el “profeta durmiente”, el “padre” del movimiento de la Nueva Era, quien solía hablar en su sueño y dictar mensajes de parientes y guías. Según mi experiencia se puede entrenar a cualquier persona en trance para facilitar la comunicación con sus seres queridos o guías. Es una habilidad, no un don divino, porque todos entramos en trance de manera natural durante el sueño. Se trata de aprender a hacerlo de manera consciente y controlada. En España, Israel, Brasil, México demostré que, usando simples técnicas de respiración y atención, todos podemos tener acceso a la experiencia transpersonal. En mi segundo libro “Las caras del Ser” describo historias emocionantes y reales, que he vivido al acompañar enfermos terminales en su proceso de tránsito, con quienes sus parientes han podido comunicar después de su fallecimiento.

Ahora bien, la primera conclusión que me gustaría destacar en este artículo, es la necesidad de cambiar radicalmente nuestra relación con la muerte: La muerte no es lo contrario de la vida, sino del nacimiento. La vida es una, eterna e infinita en nosotros, y en todas partes. La muerte y el nacimiento son la “entrada” y “salida” del alma en este plano de realidad, y el amor une a las almas más allá de una encarnación y les hace volver a encontrarse de nuevo.

Sin embargo, mientras que el nacimiento se prepara con ánimo y se percibe en la sociedad como un proceso bello, para celebrar y festejar; la muerte se considera un trauma y en muchas ocasiones se deja a las personas moribundas en la negligencia. Deberíamos poner mucho más hincapié en acompañar al proceso de “muerte” como tránsito, no menos que al proceso de nacimiento. Necesitamos aprender a acompañar las almas en su despedida de manera consciente y tomar en cuenta que la muerte puede llevarnos, como dicen la tradiciones sufí, cabalista y cristiana, a la “boda con Dios”, o según el budismo y el hinduismo, a la propia “experiencia de iluminación”.

Y eso mismo es lo que he experimentado al acompañar de cerca el tránsito de una enfermera llamada Melania en Málaga, en mayo del año 2017. Sus últimas palabras, antes de perder la conciencia, fueron más o menos: “Estoy en la luz, ahora lo experimento y lo comprendo”. La muerte puede ser un proceso de celebración y belleza, de Despertar y hasta una iluminación. Su muerte serena y amorosa impactó a todos: sus amigos, su familia, su oncóloga y su radiólogo, a gente que ni siquiera la había conocido antes. En los 8 meses que hizo la Formación de Terapias Del Alma (TDA), en donde enseño las herramientas de meditación y trance, ella pudo aprender a meditar y canalizar, a aceptar su vida y ayudar a los demás de manera ejemplar. Luego en su nombre se ha creado “La sonrisa de Melania”, una asociación para divulgar, entre otras cosas, la humanización de los servicios de salud.

Otro caso destacado es la muerte de Luis Olivares, también en Málaga, que dio la luz a una fundación que cuida de los niños enfermos con cáncer y de sus familias. El padre de este niño, Andrés, admitió ser guiado por el alma de su hijo desde el “Otro Lado” en cada paso; para encontrar la sede de la fundación, los terapeutas, los recursos y los objetivos. Conocer de cerca la muerte de su hijo, no solo acabó con su miedo a la muerte, sino que le provocó un gran Despertar. 

Lo que más necesitan los enfermos de cáncer a la hora de transitar, es la capacidad de meditar o conectar con la corriente de luz y amor universal, que permite soltar el cuerpo con paz y amor. En las palabras del modelo mencionado arriba: lo que necesitamos es volver a sentirse como instrumentos del Ser. Además, los enfermos necesitan oídos que escuchen atentamente sus experiencias, consideren sus necesidades y peticiones en este tiempo delicado, les ayuden a liberar emociones y a aceptar su vida. Una mujer a la que acompañé, me dijo al cabo de una sesión de 20 minutos de meditación: “¡esto es mejor que la morfina!, no he sentido ni dolor en el cuerpo ni miedo, he flotado en la luz.”

Considerando lo dicho arriba, cabe contemplar el cáncer como la enfermedad del materialismo actual: nos invita a echar una raíz más profunda en la identidad real que tenemos; no en la identidad superficial, basada en la materia biológica. En mis talleres con grupos de personas, especialmente con enfermos de cáncer, les suelo decir: “Si la muerte es lo que más nos asusta, nos acompaña como sombra durante toda la vida, ¿para qué esperar tanto? ¡Vamos a parar la respiración y morir ahora mismo!” Aunque lo hacemos de forma consciente y gradual, encontré que eso ayudó a mucha gente a descubrir su naturaleza. De ahí que no pida a la gente que me crea, sino que experimente y viva desde su propia libertad.

Y casi para terminar, quiero ofrecer el ejemplo de un gran sabio del Siglo XX, que a los 17 años se enfrentó con su miedo a la muerte. Se llama Sri Ramana Maharshi. Lo que él hizo fue tumbarse en el suelo y parar la respiración. Cuando entró en la experiencia del Ser, se le desvanecieron todas las dudas. Se levantó, dejó una nota a sus padres y pasó a vivir humildemente al sur de la India, donde dejó al cuerpo a los 73 años rodeado del amor de sus discípulos. Él nunca pretendió tener poderes extrasensoriales, ni ser alguien especial, su enseñanza se reduce a “Sea lo que usted Es”.

En cuanto a mi hermana, ella y su bebé aún viven. El “bebé” ya tiene más de 20 años y ella transformó su vida: consiguió su prejubilación, imparte en grupos de meditación y terapias, da consultas y canaliza mensajes con exactitud y humildad. Su cáncer ha sido un Despertar para ella y para toda la familia.

 

Artículo enmarcado en el libro de próxima edición titulado «Viviendo con cáncer», en el que decenas de especialistas acerca al paciente oncológico, y personas interesadas en esta temática, todo el entorno integrativo que favorece a la persona que pasa por este proceso. Coordinado por la Dra. M. Dolores García Sánchez de la Universidad de Málaga.

Vivir y morir sin miedo