La vida es como la vivimos a través de la emoción, no como la interpretamos en nuestra mente.

En la Nueva Era mucha gente habla de nueva información, nuevos sistemas de terapia, nuevas técnicas de meditación y todo eso para mí es maravilloso. Pero el papel esencial de la vida es enseñarnos el camino de vuelta al corazón, no impregnar aun más a nuestra mente.

El corazón experimenta la emoción,  mientras que la mente produce información,  es que llamamos «pensamientos», «imágenes», etc.

La emoción es analógica, es dónde podemos vivir la inmensa magnitud de la vida misma, despierta y con felicidad, amor, paz y bienestar. La mente compone palabras, imágenes, frases, todo eso que es digital.

¡¡Muchos de nosotros confundimos estas dos cosas!!

Buscamos la felicidad en la mente, donde es imposible experimentar emociones y tratamos de «curar» lo emocional –  lo que verdaderamente nos duele y produce sufrimiento  – con lo mental  y con toda la buena voluntad eso no sirve de nada. Y es como tratar de entender el sabor de una manzana con la información sobre su tamaño, color, peso, imagen, eso siempre puede añadir mucho, pero nunca sustituiría al sabor vivo y despierto de una manzana, que probamos con un sólo mordisco.

Para mi, en eso también está la clave de la frustración que mucha gente experimenta con enseñanzas espirituales enfocadas en la mente, sobre como enfocar o controlar la mente, que sólo inspiran hasta cierto punto, pero no tratan la emoción ni indican cómo trabajar con las emociones en la vida misma, presente y real.  Y claro, es más fácil manejar información que hoy en día se puede almacenar en cualquier Pendrive, que trabajar con emociones crudas y transformarlas.

Habitualmente la gente «sube» a la cabeza, a la mente, no porque le gusta vivir así, sino porque el corazón está lleno de sufrimiento, así que intenta controlar la vida para sufrir menos desde la mente, para evitar la vida. Pero la vida no se puede controlar (y control viene del miedo, como todos sabemos) y es mejor atender el sufrimiento directamente, sobre todo con la respiración, que aplicar diferentes actitudes mentales, que sirven muy poco a la hora real de experimentar  emociones densas.

Finalmente, lo que queremos es «vaciar» las cargas emocionales almacenadas en nuestro cuerpo en «bolsillos», los que producen enfermedades y vienen de emociones no permitidas a lo largo de muchas vidas y «bajar» de la mente al corazón, vivir en él  y sentir este flujo de vida con amor y entrega incondicional.

Así que la vida nos enseña cómo poner la mente al servicio del corazón, lo digital al servicio de lo analógico, lo irreal al servicio de lo real,  del Ser orgánico, cuya manifestación está en cada uno de nosotros.  Y cuando más mayores somos, mejor que seamos más ligeros, menos apegados a cualquier cosa, más transparentes y luminosos. Por eso para mi nuestra era digital nos llevará de vuelta al corazón, tarde o temprano, no enseñará lo que es verdaderamente importante en la vida: experimentar en nosotros el amor.

Y por tanto, también las grandes obras de literatura, pintura y música, sólo son grandes porque expresan la gran profundidad de la emoción, de lo que es ser humano y divino a la vez. Son multidimensionales, porque sus creadores han llegado a captar en lo «digital» al máximo Aquello que es «analógico», inconmensurable, inefable y misterioso.

Ayer cuando trabaje con mi hijo el dolor de oídos, le pedí que vayamos sintiendo juntos el dolor y respiramos con él, sin tenerle miedo, restringirlo o bloquearlo con medicamentos agresivos. Le expliqué que la fuerza de la respiración es la de la vida misma y que cuando nos entregamos a ella, como en el mismo parto a través del cual todos hemos nacido, también nace en nosotros la felicidad de una manera natural. Entonces sí, había unas lágrimas, una resistencia inicial al dolor, que todos negamos muchas veces y tratamos de tapar, pero respiramos unos poco minutos abrazando el dolor con cada inhalación y liberándolo con la exhalación, e inmediatamente después llegó el alivio y la curación. Los niños tienen menos hábitos auto-destructivos, gracias a Dios.

La vida nos habla, a través del cuerpo,  nos quiero contar a veces cómo es nuestro camino a la liberación, pero no siempre escuchamos. Buscamos botones, atajos, trucos, que arreglen las cosas desde nuestra mente,con la tecnología, en lugar de entender la única meta real de cualquier búsqueda «espiritual» o «iluminación»: vivir plenamente desde el corazón.

Todo lo que es espiritualidad se puede traducir a una palabra AUTO-CONCIENCIA, o sea, cómo la mente (con el pensamiento) y el cuerpo (con la acción) acompañan la verdadera necesidad del corazón de vivir plenamente.

 

La enseñanza analógica de la vida