Todas las encarnaciones anteriores de nuestra alma, están en el aquí y ahora y crean este punto de vista único y singular desde el cual percibimos este holograma de la creación.

No hay una realidad «objetiva» fuera de este punto de vista y si existiera, tampoco sería accesible para nosotros, ni siquiera desde la perspectiva de la ciencia, como demuestra la mecánica cuántica. Además, nosotros creamos a esa realidad personal, relativa y virtual en cada momento a través de nuestros pensamientos, nuestras emociones y acciones y también le damos a su propio significado. Aunque la realidad externa parece «objetiva», como si fuera una realidad común e independiente de nuestra percepción, ¿qué significado podría tener sin que estemos ahí, captando e interpretándola?

Cuando era muy joven, solía pensar que la ciencia podría ahorrarme esa falta de sentido de la vida y de la realidad que yo estaba sintiendo. En un curso de verano – por un centro de física nuclear ya a los 16 años – descubrí que, tanto en escala pequeña como en la grande, en el mundo microscópico y macroscópico, la «realidad» es un espacio vacío. Entre las galaxias y dentro del átomo, ¡todo está vacío, no hay nada! Y desde este vacío crecen formas muy complejas de energía, sistemas enteros de vida, con interconexión, coherencia y simetría abrumadoras, que al parecer demuestran cómo el propio tejido de espacio-tiempo está impregnado con la Inteligencia Universal.

Al principio no era tan simple y tenía que dedicar muchos años a esa búsqueda. Pero cuando era capaz de silenciar la mente, calmar las emociones y de recoger la atención de los sentidos hacia dentro, descubrí que no hay nadie allí, ¡¡nadie !!! No había ningún mensaje, ninguna entidad, ni luces, voces o colores. Y esa realidad tampoco se podría describir con un lenguaje digital, compuesto de palabras o fórmulas. Era como intentar comer una sopa con un tenedor . . . expresar una realidad analógica con una digital.

Me di cuenta de que la ciencia ya habla de la Unidad en la existencia: toda es energía, sin excepción, desde niveles muy sutiles hasta la densidad más grande, pero en sus propios términos. Y también percibí que realmente nadie puede salir de sí mismo, de esa realidad virtual creada en su «ordenador», en la «burbuja» de su personalidad y hablar de algo «real», que existe fuera de ese ángulo particular de visión. Pero sí, es posible apagar esta realidad virtual y entrar en el “enchufe en la luz”, en la corriente de la vida, que nos alimenta a todos y es lo único real y absoluto, aunque curiosamente esta “realidad” maravillosa es finalmente inefable. A esta práctica llamo “meditación” y suelo recordarla a los demás mediante la resonancia en mis retiros y talleres.

Ese “algo” profundo y subyacente, siempre está presente en el fondo de la propia vida y me ofrece descansar incondicionalmente en paz y dicha. Y sólo desde aquello, que suelo llamar la “Fuente de la Vida” (a propósito en femenino, para evitar la palabra sobrecargada “Dios”), me permite crear a mi realidad relativa de manera más feliz, armoniosa, sobre todo consciente y productiva. Aunque mi mente llama «Inteligencia Universal» a todo lo que emana desde esta Fuente, mi corazón experimenta eso simplemente como amor. No un amor hacia alguien o algo, sino amor a la propia existencia, que también opera fuera de mí, en todas las formas de vida.

En retrospectiva, era muy difícil aceptar que este «Dios», simplemente sea el propio principio organizador de las reglas del juego, del tiempo y del espacio. Me pareció absurdo encontrar el “asiento de Dios» en mi interior, en la ausencia de mi yo personal. Pero de repente descubrí esa gran y maravillosa libertad, que nos ofrece esta vivencia sin las mochilas de la identidad y desde luego, a partir de allí se podía descansar de la búsqueda, permitirse «no hacer nada», como dice mi amada hija, cuando se ríe de mi «trabajo».

Pero entonces me quedó este gran misterio para resolver: ¿de dónde se genera mi punto de vista único y singular, cómo percibo el mundo tal como es?  Y, ¿Por qué esta ilusión parece tan real?  Ya tenía claro que la personalidad es sólo una cáscara y, algo que la cábala hebrea llama “klipa” por definición, pero qué hay allí, por debajo de los cinco sentidos, del cuerpo, de las emociones y del pensamiento, ¿qué hay allí entre mi envoltura exterior y Aquello que está en el fondo de todo o el Ser?  Y comencé a investigar.

Mi viaje me llevó directamente en el mundo de la terapia. Me di cuenta de que el dolor físico corresponde exactamente a los casos en donde «no escucho» a mi corazón con absoluta sinceridad o no puedo digerir la realidad que estoy viviendo y esa es la forma de cómo la Inteligencia Universal me lo refleja. De aquí que cualquier enfermedad presente puede tener una historia oculta en el subconsciente, que se puede investigar. Y aunque la práctica de la meditación tiene siempre ese beneficio de llevarme a “mi” centro de paz y amor, sabía que la manera de vivir no es escapar de la vida o controlar las emociones, sino transformar las cosas de dentro, por lo que  me faltaban herramientas para trabajar esta parte en mí.

Empecé a examinar por qué las personas más cercanas a mí responden de manera diferente a ciertos eventos, circunstancias o estímulos. Y me preguntaba por qué había nacido en un país y ahora vivo en otro, por qué tengo estos padres, esta pareja e hijos,  por qué ciertos lugares y lenguas me atraen mientras que otros no. Quería comprender este misterio de mi punto de vista singular y seguir, hasta donde mi mente sea capaz de hacerlo, siguiendo a los secretos de la Inteligencia Universal.

Y la “excavación” de mis recuerdos se extendió en muchos campos y métodos que ni siquiera caben mencionar aquí. Pero con gran claridad, comencé acumular mis datos en tres continentes: me di cuenta que muchos ciclos de vida crean un mosaico único para cada persona y crean lo que es cuerpo- mente-emoción. Se me abrió la puerta al «Otro Lado» de la vida, allí donde vamos cuando dejamos esta «cáscara» con nuestras memorias y se aclaró que simplemente nos alternamos como las partículas elementales entre forma física y luz.  También se me revelaron muchas de mis propias vidas pasadas y de repente todo empezó a cuajar, a tener una lógica inherente. Me enteré de que tenemos una vida oculta y diferente, una vida muy profunda por «debajo» o por «arriba» de nuestra persona, en la profundidad del subconsciente.

O sea, la persona que somos en la superficie de las apariencias es un resultado de tantas experiencias increíbles del alma, que es prácticamente imposible conocer todo este “disco duro” gigante del alma, pero es él que fija a nuestra realidad virtual particular.   Pero sí, cuando hace falta, se puede investigar y encontrar las causas concretas de enfermedades como cáncer, epilepsia, esclerosis múltiple, depresión, B-polaridad, insomnio, en fin, de todo tipo de etiquetas médicas y psicológicas y hasta patrones simples de conducta.

Y entonces, cuando se permiten liberar las memorias de aquellas vivencias subconscientes y se modifica la actitud en la vida, la lección está tomada y podemos proceder a una curación espontánea. Pero desde luego que este proceso requiere un “Trabajo Interior” o una “auto indagación”, que se puede aplicar en cualquier campo de la vida.

Desde allí aplico con la gente esa simple descripción del modelo de la “Cebolla”. Podemos “pelar” las capas de cebolla hasta el propio bulbo, hasta el núcleo vacío y luminoso, para descubrir nuestra propia divinidad y esa es la «Terapia Del Alma» (TDA). Es la terapia de todo el camino desde que hemos empezado a identificarnos con el pensamiento, la emoción y la acción, hasta por fin reconocer y celebrar la vida como un proceso siempre en el presente.

Por tanto, todas nuestras vidas pasadas se convergen aquí y ahora, en forma de relaciones, talentos, tendencias, patrones, lenguas, hábitos, etc.  Vaya descubrimiento, ¡¡todo lo que hemos creado en algún lugar en el tiempo y el espacio, ya está aquí y ahora con nosotros, nada se perdió en este holograma y tenemos acceso a todo!!

Pero la mayor noticia es que no necesitamos saber tanto, ni siquiera conocer a nuestras vidas pasadas, a menos que lo queremos investigar. Porque esta información nos llegará, a medida que sea necesario, de forma natural en el camino.  La mayor noticia es tan antigua como la misma humanidad y compartida por místicos, sabios, yoguis, chamanes y profetas: somos mucho más que este cúmulo de experiencias subconscientes – que se puede transformar para sanar, armonizar y equilibrar – somos el mismo Ser.

Y por allí va la respuesta a muchos buscadores y sanadores que persiguen la información subconsciente: no sólo que la información es digital y nuestra vivencia analógica, o sea, que hace falta liberar la emoción misma y no es suficiente el conocimiento seco de la memoria, sino que la Fuente de la vida es inteligente, es como como subir a un tren que te lleva siempre a donde necesitas para crecer.   Desde la perspectiva de la meditación, lo único que necesitamos de verdad es despertarse a Eso y anclarse en la profundidad de aquí y ahora, para celebrar la vida en nosotros y despreocuparse del resto. Y, ¿para qué llevar a las mochilas en el tren si se puede relajarse y confiar?

Quitar las mochilas en el tren: nuestras vidas pasadas aquí y ahora
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